Me tapo los oídos, pero sigo oyendo, el desespero me mata. Solo quiero un momento de tranquilidad pero no lo consigo, voces me hablan al oído, me torturan sin piedad, ¡Cállense! Como sanguijuelas vuelven poco a poco, necesitan su porción de elixir. Elixir que consiguen al verme sufrir, doy vueltas en la cama, tratando de conciliar el sueño, tratando de ir al paraíso, donde nadie siente nada, donde soy libre de mis ataduras terrenales, pero ellos siguen ahí. Donde no los pueda ver, pero, sí escuchar ¿Y ahora quién me calla?
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